Katherine Olson
Lo ayudé a levantarse, dispuesta a enfrentar lo que fuera, paso a paso, porque aunque todo estuviera envuelto en una cortina de mierda e incertidumbre, había una cosa que sabía con certeza: a pesar de todo, lo amaba demasiado como para rendirme tan fácilmente.
Leandro me miró avergonzado y se levantó de la cama, me tomó de la mano y me llevó con él al baño.
—Tú tampoco hueles muy bien, pequeña… ¿Cuánto hace que no te bañas? —bromeó Leandro, con una sonrisa pícara.
—He viajado má