Leandro Mackenzie
La miré a los ojos. Estaba tan preciosa después de haber hecho el amor: sus mejillas estaban encendidas, su cabello alborotado y sus labios rojos e hinchados por la pasión.
—No sé qué va a pasar en este cielo, Katherine, pero todo lo que puedo decir es que si me preguntaras ahora qué siento por ti, no tendría una sola respuesta. Siento un millón de cosas, porque en mi corazón algo inmenso está creciendo.
Katherine palideció y tragó saliva. Continué.
—Sin embargo, pequeña, soy