—Has llegado delicioso, pequeña —susurró él, con una sonrisa que irradiaba satisfacción.
—¿Qué fue eso? —pregunté, intentando recuperar el aliento, con mi pecho subiendo y bajando mientras trataba de entender lo que había sucedido.
—Un squirt, mi amor —respondió él, acariciando mi mejilla con ternura—, tu delicioso líquido producido por el orgasmo, una lluvia de placer que me hizo volver loco.
—Pensé que me iba a dar un ataque al corazón —dije, intentando regular mi respiración, todavía atrapad