Por algunos minutos me quedo mudo y cuando logro salir de mi letargo, tomo mi celular para llamar a Mateo y antes de que pueda buscar su contacto, él llega a mi casa.
—¡Buenas noches, jefe! Disculpe por llegar sin avisar, pero por fin encontramos la dirección de la señorita Camille. En cuanto mis hombres la localizaron, se pusieron en contacto conmigo, así que decidí venir personalmente a entregársela —me explica un poco apenado.
—¡Buenas noches, Mateo! Eso es una excelente noticia —me entrega e