Al día siguiente me desperté y no vi a Valentino junto a mi, sali de la cabaña y me encontré con Lucrecia; ella se notaba ida.
—Hola, madre —mencioné con sentimientos encontrados. Ella me alejó de todo mi destino para protegerme.
–Hija, buenos días. El clima esta caluroso ¿cómo te sientes al descubrir lo que eres? Sé que tienes muchas preguntas y te las responderé todas.
—Está bien. Por ahora sé que todo lo que hiciste fue por mi bien, y quizás más adelante, cuando acabe todo, podamos hablar.
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