Maya
Era algo impresionante e increíble, ahora era una imponente loba con poderes sobrenaturales. Miré a mi alrededor y todos los lobos estaban en círculo, aullando hacia mí y elevando sus cabezas hacia el cielo, donde la luna llena y roja estaba en todo su esplendor.
—Maya, mi amor—escuché en mi mente la voz de Valentino, mi hombre destinado. Todo encajaba: había tenido sueños de este lugar, y en mis sueños veía todo esto como una visión por cumplirse. Ese maldito de Igor se había escapado como