70. Hay algo más
La mirada de Stefan es abrazadora, profunda, llena de promesas oscuras y placenteras, me derrito ante la caricia de sus ojos sobre mi piel, no tengo idea de que es lo que nos pasa, a mí, a él. Parecemos conejos, un par de adolescentes con las hormonas alborotadas, pero en realidad no quiero parar, no quiero que él lo haga me gustaría que esto no acabara nunca.
Se ha convertido en una droga para mí, todo él, su cuerpo, su voz, su olor y su presencia; me tiende la mano para que salga de mi escon