Estefanía Wolsky
Cuando desperté lo hice porque unos dedos suaves y pequeños me estaban acariciando el rostro. Unas leves risas se registraron en mi oído mientras me despertaba y cuando abrí mis ojos la luz que entraba en la habitación a través de las ventanas me cegó momentáneamente.
Pronto me restregué los ojos y mi mirada se dirigió hacia la pequeña niña que me había dado un susto de muerte la noche anterior.
Su sonrisa era radiante y sus manos acariciaban mi largo cabello mientras me recibí