Estefanía Wolsky
Cada vez que recordaba mi noche con Kadet me sonrojaba considerablemente. Era inevitable que lo hiciera cuando me había despertado en medio de la noche y había pedido que volviera a hacerme correr.
Jesucristo, aun podía recordar como le había rogado que me diera lo que quería, lo que había ansiado y necesitado y disfruté cada segundo. Aun cuando siempre había estado acomplejada de las marcas que cubrían mi cuerpo.
Mi infancia no fue buena, ninguna infancia de un niño huérfano l