Laila recorrió con la mirada la oficina en la que se encontraba. Era demasiado… seria. Los colores predominantes eran el marrón —presente en todos los muebles de madera pulida— y el blanco. Era muy parecida al de su padre, solo que sin las fotos familiares o las manualidades de niños.
La oficina era un claro reflejo de su dueño. Bruno Mancini era un hombre intimidante con una mirada que parecía ocultar demasiados secretos. No estaba segura como Michelle podía tener algún tipo de conexión con un