Michelle no había tenido suficiente de Laila y quizás nunca lo tendría, aunque seguro que disfrutaría intentándolo.
La noche anterior había tenido que contenerse para no despertarla y hacerle el amor otra vez. Pero si ella seguía mirándolo con aquel fuego en los ojos no estaba seguro de poder resistir mucho más. Serían tan placentero transformar aquella mirada en una de pasión.
—¿Piensas quedarte parado allí para siempre?
—Preciosa, no quieres saber lo que pienso en estos momentos. —Dio un paso