026

Cuando Alejandro se aseguró de que Abril estuviera a salvo. Se acercó a la puerta y preguntó que quién estaba allí.

—Soy yo— dijo el señor Venancio, o sea, su padre.

—Dame un par de minutos— dijo Alejandro y sin abrir la puerta corrió a la pequeña habitación que tiene dentro de su oficina, se puso ropa de inmediato y hasta entonces salió.

—¡Papá, bienvenido! ¿Qué haces aquí?— preguntó.

—¿Acaso no puedo venir a visitar a mi hijo en la empresa?

—Claro que puedes hacerlo cuando quieras, padre, dis
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