Cuando Alejandro se aseguró de que Abril estuviera a salvo. Se acercó a la puerta y preguntó que quién estaba allí.
—Soy yo— dijo el señor Venancio, o sea, su padre.
—Dame un par de minutos— dijo Alejandro y sin abrir la puerta corrió a la pequeña habitación que tiene dentro de su oficina, se puso ropa de inmediato y hasta entonces salió.
—¡Papá, bienvenido! ¿Qué haces aquí?— preguntó.
—¿Acaso no puedo venir a visitar a mi hijo en la empresa?
—Claro que puedes hacerlo cuando quieras, padre, dis