—Sí, puede que tenga razón y pido disculpas por eso, a veces suelo dilatar un poco más la situación, quizás tratando de preparar a las personas para la mala noticia que debo dar, ¿qué quiere que le diga? me gana la costumbre.—Malakai lo vio y asintió demostrando una vez más el fuerte temperamento que tenía este hombre, que no gritaba, ni maldecía, ni gesticulaba con sus manos, Malakai parecía una roca estancada en un precipicio, recibiendo los golpes de las olas del mar, inquebrantable, inamov