Adhila cruza las piernas y sonríe como si nada. Es un matiz que antes no le había visto.
—¡Venga, Nikky que las dos sabemos que ya sabes que trabajo para tu marido! —puntualiza y alza las cejas —. Él ha dejado órdenes al servicio para que me dejen entrar. Te tiene muy protegida aquí.
—En todas partes por lo visto —ironizo —. No sabes que mal me ha sentado saber que nuestra amistad no ha sido más que un trabajo para ti. Nunca confío en la gente por una razón y nuevamente compruebo lo acertada qu