Por un segundo pienso en mi distinguido esposo y las maldiciones que debe estar soltando por la boca cuando descubra que me he ido. Y eso, si no sabe que Nicoletta me ha ayudado a escapar de su yugo. Sonrío por mi elección de palabras.
—Voy a llamar a Ian para que sepa que estoy bien y que vamos para allá en unas horas —me muero de ganas de verlo histérico, regañándome —. Me imagino que ya debe estar buscándome como loco. Le conozco.
—Se te ilumina la cara cuando hablas de él —elucubra Kaia. N