Adrián.
La inquietud se extendió por todo mi ser, y, sin embargo, sin tomar medidas, ingresé en al santuario de mi progenitor, donde se encontraba Bacco y Raziel.
—¡Luthier se ha presentado a Victoria otra vez! —mi padre se levantó y me miró con rechazo.
—¡Te di órdenes específicas de que te quedaras tranquilo!
—¡Cómo te atreves a solicitarme que me quedes de manos atadas! ¿No te importa que Luthzer gane de nuevo la batalla?
—No es solo ganar una batalla, ¡se trata de ganar la guerra! Debemos