Alberto
El trabajo me había consumido por completo en los últimos días, hasta el punto de no dejarme espacio para pensar en mi vida personal… ni en la mujer que últimamente se había instalado en mi mente sin permiso.
—Cuando morimos, no nos llevamos nada material, solo lo vivido… —reflexioné en voz baja mientras me asomaba por la ventana.
Aquella noche se sentía distinta. No sabría explicar por qué, pero algo en el aire había cambiado. Incluso el viento parecía soplar con una cadencia diferente