La mujer vestía un vestido negro con escote, de cintura estrecha y caderas prominentes. Su prominente pecho era ceñido a la perfección por la prenda.
Lo suficientemente sensual sin ser vulgar, como una verdadera tentación.
Muchos hombres tenían la mirada puesta en ella.
Pero el rostro apuesto de Carlos mostraba solo indiferencia. —¿Quién eres tú?
La mujer, algo dolida, respondió: —Señor Sánchez, antes solía invitarme a comer y beber, ¿cómo es que ya no me recuerda?
—No te recuerdo, déjame en paz