Cualquier otra emoción que Brendan pudiera haber sentido había sido sustituida por una ira implacable. "Dios, me voy a casa. La veré mañana".
A Steven le sorprendió, pero asintió con la cabeza. "¿Lo llevo a casa ahora?".
"No. Pásame las llaves. Yo conduzco".
Comprobó su traje y se dirigió al estacionamiento, casi demasiado frenéticamente.
Su coche recorrió la carretera a toda velocidad, rasgando el aire como una bala disparada. Cuando llegó, examinó inmediatamente la sala de estar. El resen