**Capítulo 137** Orejas de lobo.
Aprovechando que Teresa y su suegra estaban ocupadas cuidando a los bebés, Cloe decidió escabullirse hacia una de las terrazas privadas. En cuanto se aseguró de estar sola, colocó ante sí tres jugosos chuletones y comenzó a comer con un hambre voraz que no lograba desaparecer a pesar de que los bebés ya no estaban en su interior.
Sentía un ligero sonrojo al imaginarse cómo podría verse devorando la carne con tanta ansia.
—Qué más da, nadie me está viendo —murmuró encogiéndose de hombros.
—Aquí