Bianca se quedó congelada en shock en el instante en que se giró.
No esperaba la presencia de Diego tan pronto.
Su respiración se detuvo por medio segundo cuando sus ojos se posaron sobre él.
Él estaba de pie cerca de la puerta de su oficina, alto y compuesto en uno de sus trajes gris carbón perfectamente confeccionados. La costosa tela se ajustaba impecablemente a sus anchos hombros y a su estrecha cintura, acentuando cada línea marcada de su cuerpo. La impecable camisa blanca debajo hacía que