Diego Diablo rara vez se detenía.
Su mundo giraba en torno a plazos, firmas, adquisiciones y la presión silenciosa de estar siempre dos pasos por delante de todos los demás en la sala. Incluso en movimiento, incluso en el lujo, incluso en el control, siempre había otra capa esperando debajo.
Pero esa noche, algo interrumpió el ritmo.
Empezó con la voz de su madre.
Cálida, familiar y persistentemente preocupada, como solo lo puede ser una madre que ha visto a su hijo desaparecer dentro del traba