La habitación se sentía más pequeña de lo que realmente era.
No porque las paredes hubieran cambiado, sino porque el pecho de Bianca sí lo había hecho. Cada respiración ahora sentía que tenía que atravesar algo denso, algo resistente, como si el aire se negara a cooperar.
Su padre estaba frente a ella como un juez que ya había escrito el veredicto y ahora estaba molesto de que ella aún hablara.
No estaba negociando.
Estaba dando órdenes.
-Estás en edad de casarte,- dijo con frialdad, como si fu