Bianca lo sintió en el instante en que sus últimas palabras se asentaron.
-Ya lo hiciste.
Debería haber sonado como distancia. Como cierre. Como una puerta que se cierra suavemente sobre una situación complicada.
En cambio, hizo otra cosa.
Se quedó.
No pesada como la culpa. No afilada como la rabia. Algo más cálido. Algo más peligroso precisamente porque no avisaba de su llegada. Simplemente se expandía, lenta e inevitable, por el espacio entre ellos.
Bianca permaneció allí, todavía frente a Di