Capítulo 9
Mi cuerpo se iba deteriorando cada vez más. Se me empezó a nublar la vista. Cada vez me costaba más distinguir los rostros. Solo podía reconocer a la gente por la voz.

Mamá lloraba todos los días; tenía los ojos tan hinchados que parecían duraznos.

Empezó a aferrarse a la religión.

Todos los días recitaba pasajes sagrados en la habitación, diciendo que lo hacía para pedirle a Dios que me bendijera.

Yo escuchaba aquellas plegarias y solo me sentía más irritada.

—Mamá, ya no reces —dije.

—Si de ve
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