—No voy a suplicarle —dije.
La bofetada me dio de lleno en la cara.
La cabeza se me fue de lado y me zumbaron los oídos.
En ese momento, desde la puerta se oyó una voz glacial.
—¿Quién te dio permiso de pegarle?
Víctor estaba ahí, con el rostro tan sombrío que daba miedo.
Mamá entró en pánico al instante.
—Vi… Víctor, ¿cuándo volviste?
Víctor entró a la habitación, se fijó en mi mejilla enrojecida y luego lanzó una mirada al libro tirado en el suelo.
—Esos cinco mil dólares los pongo yo —dijo de