Terminé viviendo en esa casa como si fuera invisible.A Víctor le gustaba el silencio. En esa casa, hasta las empleadas caminaban de puntitas.Mamá se desvivía cada día por complacerlo.Le cocinaba, le daba masajes y se sentaba con él a ver esas noticias financieras tan aburridas.En esa casa, ella vivía como una criada de lujo.Y yo, salvo para comer, casi no salía de mi habitación.Dejé impecable la habitación donde guardaban los cachivaches. Aunque seguía llena de muebles viejos, ahí entraba una luz preciosa.Muchas veces arrastraba una silla hasta la ventana y me quedaba al sol toda la tarde, como una anciana con un pie en la tumba.A veces, Víctor pasaba frente a mi puerta. Cuando me veía tomando el sol, se detenía un instante, pero nunca decía nada.Su mirada era extraña, como si estuviera viendo a alguien de la misma especie que él.Ese mediodía, a la hora de la comida, reinaba el silencio en la mesa. Solo se oía el leve tintineo de los cubiertos contra los platos.De pronto, mi
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