El viento se colaba entre las grietas del cañón, ululando como un monstruo antiguo que intentaba arrancarnos de la roca. A medida que subíamos, el frío se hacía más intenso, y el aire, más delgado. Ashen iba adelante, su figura recortada contra el gris del amanecer, mientras yo, en mi forma de loba, me movía en silencio a su lado. No había palabras entre nosotros. Solo una conexión, un acuerdo tácito que nos mantenía unidos, como si no importara lo que nos esperaba más arriba. El río rugía abaj