Los ojos de Lara estaban entrecerrados y seguía con las pupilas dilatadas. Su piel comenzaba a tornarse pálida y las sábanas tomaban una coloración rojiza. Mathew tembló de impotencia, la sangre no se detenía, su cachorro no respondía, Lara tampoco.
Alguien entró por la puerta y corrió rápido hacia la pareja.
-¿Cómo demonios dejas que se ponga así?- le gritó el lobo mayor –Venga quita –Empujó a Mathew por el hombro y puso tres píldoras en la boca de la mujer obligándola a tragarlas- Necesito ag