Lara estaba más allá de lo impaciente. Su sueño al fin se cumpliría. Tener a un hombre hermoso, solo para su satisfacción y su marido sí que cumplía con todos los requisitos necesarios y de sobra.
La ropa que ahora se había abierto no dejaba nada a la imaginación dejándole ver el inicio de sus brazos deliciosamente fibrosos, un pecho ancho seguido de un abdomen de esos de lavadero que te dejaban con la baba colgando como la tenía ella ahora. Simplemente perfecto. Además, aquello que se frotaba