Byron abrió los ojos, pestañeando lentamente. Ya había amanecido y todavía estaba cansado. Pero quizás menos que otras veces. Había tenido una deliciosa cena, como hacía tiempo no disfrutaba. Pero lo que más le aliviaba es que su hermana había tenido solo un ataque leve de tos que se había calmado rápido y no la había agotado o desgastado como siempre. Ahora ella dormía con un rostro tranquilo contra él.
Verificó que durmiera cómodamente profundamente enterrada en su pecho hecho una bolita. Le