Byron corría en dirección a su vieja choza casi sin aliento.
Dyna, Dyna.
Era lo único que cruzaba su mente, sin importarle el dolor que por suerte había mermado gracias a una de las píldoras que aquel lobezno le había regalado. Llegó y corrió la tela de la puerta para escuchar la tos constante del interior. De cierto modo sintió alivio. Su hermana aún estaba viva.
Corrió hacia su cama improvisada donde estaba el cuerpo de Dyna hecho una bola, tosiendo a cada respiración.
-Dyna- la llamó dejándo