–Así que tú serás mi nueva compañera de prácticas– le doy una sonrisa tensa a Eithan, últimamente no hace más que acercarse a mí con halagos tontos y sonrisas coquetas.
–Si.
–Genial, espero que nos llevemos muy bien– me extiende un café, lo acepto dudosa de sus intenciones– no tiene veneno, lo juro.
No digo nada, sigo trabajando en mi muñeco de prácticas. Se supone que estoy cosiendo una cesaría en una loba, pero parece todo menos eso.
–Definitivamente necesitas ayuda– Eithan se asoma y sonríe