–Cora, necesito uno de tus té anticonceptivo– murmuró, temiendo que alguien pudiera escucharme. Los ojos de cora parece que van a dejar su lugar y se ahoga con su propia saliva. Suspiro preparándome para su interrogatorio.
Me dejó caer en la silla y la miró esperando que se recupere del shock.
Sentía un hueco en el estómago, una sensación de amargura acompañarme en cada momento y cero ganas de tener algo que ver con Casiel, algo que pueda dañar su jodida familia feliz. Lo odiaba, lo estaba odi