Llevo una mano a mi pecho mientras respiro con dificultad, aún siento mis piernas temblar como gelatina y la mirada que me da el chico delante de mí me aterra.
–¿Qué haces aquí?– preguntó con un hilo de voz.
–Esperándote.
–¿Qué?– intenté levantarme pero no puedo.
–Mira tus pies Izel– hago lo que me pide, mierda– estás encadenada– son unas cadenas azul casi transparente sujetan mis pies haciendo que no pueda levantarme y pierda la fuerza de ellas.
–¿Por qué estás haciendo esto?
–Me gustas– comi