Amelia
El sonido de mi teléfono sonando me despertó. Gemí suavemente, lo cogí de la mesita de noche y lo apagué sin siquiera mirar quién era. Sentía la cabeza pesada y una opresión en el pecho al recordar la noche anterior. Por mucho que lo intentara, el sueño se negaba a volver.
Después de unos minutos mirando al techo, me rendí. Aparté las sábanas y entré al baño, con movimientos lentos y cansados.
La cena de anoche había sido un completo desastre, tan mala que no quería revivirla. Pensar en