Amelia
La fuerza de su empujón me sacó el aire de los pulmones antes de que su boca pudiera robarlo. Intenté apartarlo, una protesta a medias que se perdió en la tormenta de su necesidad, pero su beso era desesperado y furioso. Sus dientes atraparon mi labio inferior, con un mordisco agudo que me hizo jadear. Aprovechó esa abertura, su lengua deslizándose en mi boca, caliente y exigente.
Nuestras lenguas danzaron, una batalla feroz y resbaladiza por el control que yo ya estaba perdiendo. Me qui