Narrado por Ragnar
El frío de la noche se había intensificado. Algo me despertó. No era un ruido, ni un movimiento, sino la ausencia.
Aldara no estaba.
Me incorporé de inmediato, los instintos afilados como cuchillas. Su calor aún impregnaba las mantas, pero la falta de su presencia me oprimió el pecho con un peso insoportable. Algo andaba mal.
Me puse de pie en un solo movimiento, con los músculos tensos y el lobo a flor de piel. Extendí mis sentidos, rastreando su esencia en el aire. Su aroma