Escucho voces, muchas voces. Son de todos los tonos y de todos los tipos; chillones, agudos, graves, seductores. Hay algunos timbres enojados y otros alegres, tristes y neutros. Es como si de pronto pudiera escuchar a toda la gente del mundo, me siento como una fisgona. No logro reconocer palabras específicas, pues además hablan en diversos idiomas, hablan muy rápido.
Siento algo agradable, es como una caricia amigable que me promete paz y alegría, que me grita que nada me puede dañar mientras