Su mano en principio se ve lisa y verde, nada fuera de lo común, sin embargo, mientras más tiempo la miro, más se muestra como es en realidad. Su piel putrefacta con llagas explotando y un aroma a pus muy desagradable. Definitivamente no voy a estrechar esa mano. Supongo que mi rostro demuestra asco, pues Vendela sonríe, satisfecha.
—No creo que las formalidades sean importantes ahora.
—Yo soy Lilian —murmura el hada mientras se vuelve a subir a su liana—. Y aunque juré no hacer daño a monteros