—Bonita ¿estás bien? —Ella seguía con su mirada clavada en el piso y pareció no escucharlo ni sentirlo, era como si su mente no estuviera ahí. Él volvió a hablarle mientras la sacudía con delicadeza. Ella levantó su rostro y lo miró con dolor, uno que no había visto nunca en ella.
—Cariño, ¿Qué tienes? —La voz de su padre la trajo a la realidad. Miró en su dirección, tragó el nudo en su garganta y limpió sus mejillas humedecidas.
—¿Por qué? —Le preguntó a su padre con un hilo de voz. Él la vio