Íbamos de vuelta a la academia, cuando el teléfono de Hanny sonó. Ella mira quién es y con una sonrisa preciosa coloca el altavoz.
—¿Qué se le olvidó señor Cicarelli?
—Hija, necesito que traigas a Benedict al hospital, es urgente—la voz de mi suegro se escucha entre cortada, como si fuera manejando a toda velocidad.
—¿Joshua?—pregunto asustado.
—Sí, necesita de una transfusión de sangre y por lo menos tú eres el más cercano y en eso si eres compatible.
—Estamos en quince minutos allá—doy vuelta