Sigo llenándolo de besos y él solo ríe, mientras cierra la puerta de una patada y nos encamina hasta el escritorio.
—Yo te amo más, pero por favor no se te ocurra enojarte conmigo otra vez más.
—Tú fuiste el que me echó de su oficina.
—Porque no estabas entendiendo razones, amor.
—Pues tú tampoco, querido.
Ambos nos miramos retándonos y no aguanto me vuelvo a molestar. Me bajo del escritorio porque sé para dónde va esta forma de reconciliación y me siento en su silla. Él nota de inmediato que c