Ya me estaba acostumbrado a manejar como piloto de la Ferrari en estos días. El auto se movía a mi antojo por la autopista y las luces, como si fueran algún designio de los cielos, justo se colocaban en verde antes de llegar a la intersección.
La orden de mi capitán, y novio autoproclamado era clara, llegar en veinte minutos.
Eres una vil mentirosa, Hanna Cicarelli, lo que quieres es conocer la fortaleza de Henderson & co. No nos veamos la suerte entre gitanos…
También, por eso quiero usar a Be