Oriana pasó el resto del día con un nudo en el estómago. La invitación de Gabriel a almorzar con su abuelo la había tomado por sorpresa. No estaba segura de si aquello era una especie de paso adelante entre ellos o una advertencia disfrazada de cortesía. De cualquier forma, aceptó, sabiendo que la tensión entre ambos aún flotaba en el aire tras su conversación nocturna.
Cuando Gabriel llegó a recogerla, la encontró de pie junto a la puerta de su edificio, vestida con un suéter negro y unos jean