La casa estaba en silencio.
Solo se escuchaba el leve sonido del viento golpeando las ventanas y el crujido suave de la madera vieja.
Katrina abrió los ojos en la oscuridad. No sabía cuánto tiempo había pasado.
El brazo de Fabiano seguía rodeándola con fuerza, como siempre hacía cuando dormían juntos. Era una costumbre que había tomado cuando Katrina tenía siete meses de embarazo. Lo hacía para poder ayudarla si necesitaba algo o si ocurría cualquier cosa durante la noche.
Pero ella no podía do