Seguía temblando, sin fuerzas, apoyada en su abrazo. En ese momento, sentí una seguridad y felicidad como nunca antes.
¡Qué bueno es estar viva!
Él me rodeaba con sus brazos, consolándome sin cesar.
Fue entonces cuando empecé a recuperar la calma.
Levanté la vista para preguntar a Patricio: —¿Todos en el edificio están a salvo, verdad? Ya los evacuaron, ¿cierto?
Le pregunté con urgencia, compartiendo con Patricio lo que había dicho aquel hombre en el tejado y mis propias conclusiones.
Luego añad