Cuando vio los platos listos en la mesa, en sus ojos destelló una emoción oscura e inexplicable que desapareció en un instante.
Luego tomó el plato que le ofrecí y comenzó a comer con seriedad y elegancia. Esta vez comió mucho, parecía realmente hambriento.
Permanecí a su lado, apoyando mi barbilla con una mano, observando cada uno de sus movimientos, temiendo perder algún matiz en su expresión. Cada gesto suyo, cada fruncimiento de ceño y sonrisa, me fascinaban.
Mientras comía, levantó sus prof