La miré con asombro a Mariana, sintiendo una extraña sensación en mi interior.
Extendió una toallita húmeda, limpiando sus manos mientras me miraba, con una sonrisa contagiosa en su rostro. —¡Siempre le gusta decir que soy su prima!
—¿No es así? —pregunté, sintiendo que Patricio me estaba engañando, me sentía incómoda en el interior.
—Es algo así. Sin embargo, ¡soy hija adoptiva de mi madre! —Mariana habló con ligereza, su mirada llena de sonrisas dirigió hacia mí.
De repente, mi corazón dio var