Miré a Sofía en el espejo y le dije: —Parece que eres un espíritu errante, te encuentro en todas partes. ¿Qué quieres ahora?
—¡Ja! María, Patricio tiene a una mujer, ¡y tú ni siquiera te dignas a mirar tu propio comportamiento! Eres una mujer divorciada que sueña con casarse con un hombre poderoso, ¡ni siquiera te lo mereces!
—No eres tú quien decide si me lo merezco o no. Mejor cuida tus palabras para el bien de las futuras generaciones— le respondí mientras tomaba una toalla de papel y me diri